Geología / Origen geológico de la cuenca del río Guadaira.


         La cuenca del Guadaira tiene un pasado geológico muy reciente, el cual está ligado a la evolución de la cuenca del Guadalquivir, a la que pertenece, durante la era Cuaternaria.
        
       La Cuenca del Guadalquivir constituye uno de los tres grandes dominios geológicos de Andalucía. Ocupa un área extensa del territorio andaluz. Su morfología es subtriangular, alargada en la dirección ENE-OSO, y por ella discurre el río Guadalquivir.
        
       Geográficamente, está limitada al norte por los relieves hercínicos de Sierra Morena, al sur por los relieves subbéticos, al este por los prebéticos de la Sierra de Cazorla y al oeste por el Golfo de Cádiz. Aunque su topografía es muy suave, se observa un descenso progresivo de cota desde el sector oriental (800 m) hasta el occidental a nivel del mar (figura 1).

Figura 1. Mapa de situación de la Cuenca del Guadalquivir y unidades geológicas de Andalucía.

         La Cuenca del Guadalquivir se formó durante el Neógeno como una cuenca periférica al norte de la Cordillera Bética. Constituye una “cuenca de antepaís”, situada entre el frente de la Cordillera Bética (borde activo) y el Macizo Ibérico (borde pasivo). El relleno sedimentario de la cuenca se realizó mientras se estructuraba la Cordillera Bética, entre el Mioceno inferior y el Plioceno. Esta circunstancia ha condicionado una disposición asimétrica de sus sedimentos, de modo que en la mitad norte afloran unidades de carácter autóctono, y en la mitad sur lo hacen unidades alóctonas procedentes de los materiales erosionados desde el frente de la Cordillera Bética a la depresión. Este conjunto alóctono de materiales se conoce como “Unidad Olitostrómica” y está compuesta esencialmente por materiales béticos mesozoicos y cenozoicos, muy desarticulados y dispuestos caóticamente.

Figura 2. Situación de la Cuenca del Guadalquivir y de las Unidades Olistostrómicas en relación a las Cordilleras Béticas.


         De esta forma, el relleno sedimentario de la cuenca puede dividirse en dos grandes conjuntos estratigráficos: el inferior, que incluye los materiales depositados previos a la colisión, y el superior, que comprende los materiales de la propia cuenca de antepaís.

Figura 2. Áreas emergidas e inundadas en Andalucía hace 8 millones de años.

         Hacia el final del Andaluciense se inicia la gran regresión finipliocena, es decir, el descenso progresivo del nivel del mar. Así van apareciendo unos materiales más someros dando como resultado un marco paleogeográfico muy similar al actual, quedando estos materiales expuestos a la actividad de procesos subaéreos, produciéndose meteorización y alteración edáfica. Esto marca el inicio de la continentalización.

Figura 3. Cambios paleográficos en la Cuenca del Guadalquivi, con la retirada progresiva del nivel del mar hacia el OSO. (Tomada de Vera, 2000).

         En el Cuaternario se produce la jerarquización de la red fluvial, pasándose de una red incipiente a una red organizada con valles bien definidos y creación de terrazas fluviales, generándose la cuenca del Guadaira.

         Los materiales cuaternarios van a estar constituidos por los depósitos fluviales generados en toda la vega del río Guadaira y los conglomerados con arenas y limos amarillos, conocidos como Formación Roja, formados por los materiales procedentes de la descalcificación de las calcarenitas.

        Se pueden asimilar las calcarenitas a una serie de barras costeras imbricadas en el sentido de la regresión con disposición Norte-Sur, producidas en zonas de aguas más someras y con un gradiente de energía mayor que le da unas características bioclásticas. Entre dos barras bioclásticas se formaban pequeños lagoon o estuarios. Fue en estos estuarios donde se depositaron dando lugar a la formación de margas verdes, apreciándose claramente a la derecha del cruce de la carretera Alcalá de Guadaira-Dos Hermanas.

         Hace aproximadamente 20.000-6.000 años se observa el Lago Ligur, la desembocadura deltaica y el Golfo Tartésico.
 
        Hace 6.500 años, en el tránsito Pleistoceno–Holoceno, se formó el gran estuario del Guadalquivir, gracias al último ascenso del nivel del mar (hacia 4.500 a.C), originado por el deshielo post-würmiense. Esta última transgresión, conocida como máximo interglaciar Flandriense, alcanzó su máximo nivel en torno al 6.500 a.C, con 2 ó 3 m por encima del nivel actual, retrocediendo algo después hasta estabilizarse en el nivel del mar actual. La dinámica generalizada supuso la colmatación definitiva de la depresión del Guadalquivir y la continentalización de los ambientes.

         En las orillas del margen Este de ese gran estuario aparecían terrenos ocupados por antiguos mantos eólicos aportados por el mar gracias al viento predominante en la zona SO-NE. Dicho estuario llegaba prácticamente hasta la zona donde actualmente se encuentra Villanueva del Río. Al tiempo que el mar se retiraba del lago superior (lago Ligur por el moderado descenso de las aguas 0,5 m y por la colmatación de la cubeta del mismo con sedimentos) se formaba una intrincada red de canales y de marismas. La actividad humana desde la época tartésica, posteriormente debido a cartagineses y romanos, contribuía a la aceleración del proceso erosivo-sedimentario al desaparecer muchos bosques en la cuenca alta del Guadalquivir.

         Por otra parte, también en el vaso del golfo (Golfo Tartésico) se depositaban sedimentos principalmente de origen continental para constituir poco a poco la base de las actuales Marismas del Guadalquivir.

         Primero la colmatación avanzaba a un ritmo más rápido en el Lago Ligur formando pequeñas islas que luego se fundían unas con otras para ir formando tierra firme, mientras que en la profunda bahía del Guadalquivir la colmatación avanzaba más lentamente, sobre todo por tratarse de un área más extensa y agitada por olas y mareas. No obstante se iba también rellenando de sedimentos traídos por las avenidas fluviales, por las mareas, las corrientes y las tormentas atlánticas, a lo que se ha sumado la arena arrastrada por el viento. Un lento pero continuo trabajo que configuraba los distintos ambientes que ahora conocemos en el bajo Guadalquivir.
 
        Hace 3000 años, en el 1.000 a.C., el río Guadalquivir desembocaba a la altura de Coria, en una gran ensenada marina (golfo Tartésico) con un diámetro aproximado de unos 60 Km. Esta desembocadura tendría una característica forma deltaica con una serie de islas. En primer lugar estarían algunas islas que tendrían como raíces el material calizo del Mioceno escarbado por el río, sobre el que se acumulaban superficialmente los sedimentos holocenos traídos por el río. Incluso es posible que este material Miocénico (caliza tosca) sobresaliese en algunos casos como un pequeño montículo, es decir alguna de estas islas podría tener pequeñas elevaciones calizas. En este sentido las islas de Cádiz y San Fernando al final del estuario del Guadalete, podrían servir de modelo, aún cuando la cuenca del Guadalete por su menor extensión tendría menor capacidad de excavación de los materiales Miocenos.  A continuación de estas islas estarían otra serie de islas formadas por acumulación de material aluvial que formaban un típico abanico deltaico. El río Guadalquivir durante el largo tramo final que formaba el lago Ligur debido a su pendiente reducida y ensanchamiento del cauce, tendía a depositar gran cantidad de los sedimentos ligeros (arena) que llevaba. Dichos sedimentos acaban precipitando especialmente frente a la desembocadura: en el estrecho de Coria, donde se mezcla el agua dulce y salada y donde se da el encuentro entre la corriente del río y el reflujo de las mareas. Se formaban así barras arenosas en medio del cauce, situadas perpendicularmente a la corriente. A medida que aumentan los sedimentos, estos van aflorando en superficie, pero la barra va bloqueando el flujo de agua, por lo que a menudo el río divide su cauce para verter al mar por dos o más bocas. Puesto que este mar no es muy agitado y tampoco tiene un talud continental con mucha pendiente, se origina así un delta con múltiples bocas en cada una de las cuales a su vez puede formarse con el tiempo, una barra nueva y que por el mismo mecanismo puede progresar hacia abajo.

         Una prueba del antiguo delta del Guadalquivir por esta época en el "Estrecho de Coria", que quedó fosilizado en el meandro de la Merlina, es la presencia de marjales hasta los años 1950-70 en el término de Coria en los pagos de Bastero, Jaraquemada y la Palmilla que particularmente se inundaban en periodos extremadamente lluviosos formando lagunas pantanosas que ocupaban los terrenos más bajos desde Torre de los Herberos hasta El Brazo del Este. Este sería un antiguo brazo del río que envolvía a una "isla deltaica central" que aparece en algunos mapas y que con el tiempo evolucionaría hasta dar lugar justamente al meandro de la Merlina. Es decir este brazo de río discurriría aproximadamente al oeste de un antigua carril o vía ribereña (convertida posteriormente por los romanos en la Calzada Gades-Orippo (Hispalis)-Astigi-Corduba) y que curiosamente es hoy en día el trazado del actual canal artificial del río Guadaira y va a morir algo más abajo del Brazo del Este frente al cortijo de los Olivillos. Es lógico este trazado diseñado para el canal del Guadaira si bien rectilíneo, pues viene a ocupar las antiguas tierras más bajas y por tanto inundables que formaban una cadena de lagunillas o albinas durante muchísimo tiempo como resto del antiguo brazo del río. Los nombres de algunas de esas lagunillas hoy inexistentes son: Laguna del Cucadero, laguna de Aguas Blancas, Marjal de Suárez y Marjal del Ancón (este de ortografía imprecisa porque es una pronunciación de los antiguos agricultores corianos). Estas lagunas recuerdan a otros brazos del Guadalquivir abandonados como la Madre Vieja del río en la Vega de Triana o el antiguo brazo de los Gordales que atravesaba el campo de la Feria de Sevilla por los Remedios y formaba una serie de lagunas a mediados del s. XX hoy en día totalmente tapadas.

         Por encima de este punto (la antigua desembocadura del Guadalquivir junto a Coria), se situaba según la Ora Marítima el lago Ligustino (la región baja que comprende el valle del Guadalquivir entre Coria, Carmona y Villanueva del Río). Es decir "este lago Ligustino" estaba circundado por la cornisa del Aljarafe por el oeste y la cornisa de los Alcores por el este. En este momento el lago Ligustino ya sufriría una desecación y colmatación muy avanzada constituyendo un paisaje de marismas que progresivamente iría pasando por una serie de estadios muy similares a los que sufriría el Golfo Tartésico hasta convertirse en las actuales marismas del Guadalquivir. La evolución geológica de este lago superior está aún pendiente de ser estudiada por los geólogos.

         Ya desde el 4.500 a.C. el golfo marino (Golfo Tartésico) se iba cerrando por la formación de una flecha litoral arenosa Arenas Gordas (prolongación del acantilado del Asperillo), que aceleraba la colmatación de la cubeta. Se convertiría así en una laguna o gran albufera palustre de aguas tranquilas pero con influencia marina. Esta barra costera que avanzaba en dirección NO-SE se originó al enfrentarse a la fuerza del mar por una parte los sedimentos continentales y por otra parte las arenas arrastradas por la corriente costera. Esta barra principalmente arenosa estaba alimentada por el aporte de arenas y materiales procedentes de los ríos Tinto, Odiel, Piedras y Guadiana, transportados por corrientes marinas costeras y que pudo en algún momento ser atravesada por un canal de agua (paleocauce). Igualmente se empiezan a formar unos cordones litorales que dan lugar a ensenadas marinas en otros ríos cercanos como Guadiana, Tinto-Odiel y algo más tarde en el Guadalete.

         Al mismo tiempo, en la costa opuesta, otra barrera arenosa litoral o contra flecha se formaba a un ritmo más rápido: la isla de la Algaida al Norte de Sanlúcar de Barrameda. La formación de la barra costera de Matalascañas o de Arenas Gordas y la contraflecha de la Algaida han sufrido diversos avances y pequeños retrocesos desde el 1500 a.C. (progradación y erosión por transgresión marina) debido a balances parciales de pequeños ascensos del mar o del aumento de la descarga del río, que motivaron que en algún momento (1000-500 a.C.) la Algaida se convirtiese en una isla y que tal vez también otro brazo pudo salir por el cauce del arroyo de la Rocina hacia Huelva tras algunos periodos de fuertes lluvias con grandes descargas, dejando la barra de Matalascañas también como isla (aunque esto último es más discutido por los geólogos).

         Hace 2500 años es la época a la que se refiere el relato de Avieno de la Ora Marítima (S. VI a.C.). Como hemos dicho el actual Guadalquivir después de pasar por un lago denominado Ligustino desembocaba en el denominado "Estrecho de Coria" (cuyos dos vértices serían Caura (Coria del Río) y Orippo (Dos Hermanas) en un extenso Golfo marino denominado "Golfo Tartésico" que aún entonces podemos considerar mar abierto. La desembocadura estaba precedida por una zona amplia de marismas, un lecho de inundación, que se iniciaban en un extremo a la altura de Villanueva del Río y en otro en Gandul, y bordeada por dos elevaciones amesetadas que hoy conocemos como Los Alcores y el Aljarafe. Esta "marisma" o Lago Ligustino es el enclave territorial donde los fenicios fundaron Spal (la ciudad de Sevilla). En los bordes del lago pudieron existir poblados palafíticos y en el interior se encontraban algunas elevaciones o islas que sirvieron para los primeros asentamientos humanos en un territorio que se iba secando. Una de estas islas sirvió para la génesis de la ciudad de Sevilla como factoría comercial fenicia con los indígenas de las tierras altas, es la conocida arqueológicamente como Cota 14, elevación central en los alrededores de la actual plaza de la Alfalfa. Posteriormente esta isla quedaría unida a tierra firme. El lago Ligustino sería navegable sobre todo en pleamar a través de múltiples caños de marea y tendría numerosos islotes, lucios y vetas que recordarían al actual paisaje de Doñana.

         La desembocadura deltaica del Guadalquivir en el "estrecho de Coria" seguía haciendo retroceder al mar. Según indican los textos antiguos Tartessos, si bien era una ciudad "interior",  tenía un fácil acceso desde el mar y estaba situada justamente en la desembocadura del Guadalquivir sobre una isla posiblemente rodeada de terrenos inundados que debía tener poca profundidad. Para que un lugar como el referido pudiera ser considerado como válido para la construcción de una ciudad, debería cumplir una serie de condiciones: estar a salvo de posibles crecidas, estar bien comunicado con el interior y el mar, estar razonablemente bien defendido, etc. De estas condiciones la más obvia es la de estar situado a una cota que permitiera estar permanentemente por encima del nivel del agua. Esta condición cuadra con la presencia de una isla en forma de un pequeño montículo o elevación que pudiese haber quedado como resto de erosión del río y constituida por el mismo material de base calizo amarillo del Mioceno que aparecen en los bordes del río tanto en los Alcores como en las barrancas de Coria (p. ej. El Cerro Alto). Un material distinto al de la terrazas aluviales formadas por gravas y arenas, pero que en algunas ocasiones aflora en los bordes de la antigua cubeta. La isla se trataría de un raigón calizo sobre la que se pudiesen haber depositado aluviones areno-arcillosos.

         Más abajo las barras arenosas de Arenas Gordas y La Algaida seguían formándose, no obstante hay que advertir que en estos tiempos se daban en el litoral del Golfo de Cádiz dos influencias contrapuestas: por un lado la formación de una serie de cordones litorales en la desembocaduras de los ríos y por otra un retroceso continuado de la línea de costa hacia tierra adentro de tal forma que en el 700 a.C. estaba a unos 100 m de la actual, (este retroceso continúa, por eso por ej. la calzada Romana que iba desde Cádiz a Santi Petri (Chiclana) se halla ahora bajo las aguas) y las Torres de Matalascañas y otras de la costa de Huelva del s. XVI están ahora en la orilla). Estas dos tendencias son complementarias pues hay franjas de costa en las que el océano erosiona y otras en que el material arrancado se deposita.

Evolución del estuario del Guadalquivir entre el final de la época tartésica (s. VI a.C.) y el final de la época romana (s. IV d.C.).

         Ahora se observa el retroceso del medio acuático y la formación de marismas (agua-tierra) y del germen de las islas del Guadalquivir. La forma global de la escotadura SO-NE se mantiene.

         Hace 2000 años, la desembocadura del Guadalquivir fue desplazándose paulatinamente desde el estrecho de Coria hacia el sur. En esta época a su salida empezó a generarse en ambas márgenes del Golfo Tartésico una serie de  tierras bajas y anegadizas: "Las Marismas" (a un lado Doñana y las marismas de Lebrija al otro) fruto de las acciones eólica, marina y fluvial. Se fueron formando canales sinuosos de marea, brazos del río más rectilíneos flanqueados por "levés" limosos u otros arenolimosos, llamados "vetas", flanqueando los paleocanales. Se iban formando barras arenosas con acumulaciones de conchas, cubetas alargadas sobre tramos de canal formando "lucios" y destacando sobre todo la Isla Mayor y Menor en la desembocadura en la albufera. Aguas arribas del estrecho de Coria, el Lago Ligur iba ya constituyendo una estructura glomerular formada por numerosos canales y brazos de río, en algunos casos como la antigua Spal fenicia, perdiendo su carácter insular al adosarse a tierra se convierte en la Hispalis romana (se daba la retirada del mar y estrechamiento del cauce).

         La precipitación y las avenidas del río van convirtiendo a las Marismas en una llanura inundada, que podía alcanzar una extensión de más de 200.000 hectáreas de lámina máxima de agua La modelación del relieve de las marismas se debe a sobre elevaciones o descensos del nivel de las aguas por los temporales que introducen agua y sedimentos en el litoral y pueden elevar algún metro la cota mareal; es decir, por una parte a las ondas de marea, que en la zona presentan carreras máximas de 3,6 m; por otra parte el viento que induce "secas" etc.

         A continuación de manera natural o acelerada por la intervención del hombre las Marismas sufrirán una transición en los siguientes pasos: ensenada marina - albufera marina - marisma mareal con presencia de vetas e islas - marisma fluvial - desecación natural y formación de una planicie salobre.

 

 

 

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